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Blog de csilviav
26 de Julio, 2008    General

MAPA DEL VIAJE

MAPA DEL VIAJE (resumen del viaje descrito por SALLIE NICHOLS en el libro

JUNG Y EL TAROT

 

Antes de empezar un viaje, es una buena idea tener un mapa  La forma en que se encuentran distribuidas los 22 arcanos mayores en este mapa nos da una perspectiva preliminar del tipo de experiencias que podemos esperar en el camino. .

La mejor manera de llegar al significado personal de estas cartas para cada uno de nosotros, es observarlas directamente, como lo haríamos con los cuadros de una galería de arte. Como las pinturas, estos Triunfos son cada uno de ellos portadores de proyecciones, lo que significa simplemente que son cebos para cazar a la imaginación.  Proyección es en sicología  un proceso inconsciente y autónomo por el cual vemos en primer lugar en la persona, objeto o sucesos de nuestro alrededor, esas tendencias, - características, potencias y deficiencias que realmente nos pertenecen. Poblamos el mundo exterior con todas las hadas, brujas, princesas, demonios y héroes del drama enterrado en nuestra propia profundidad.

Proyectar nuestro mundo interior hacia afuera es algo que hacemos sin querer; simplemente es la manera de funcionar de la psique. Estas proyecciones son herramientas útiles para adquirir auto-conocimiento. Por el hecho de ver las imágenes que lanzamos al exterior, como los reflejos de un espejo de nuestra realidad interior, llegamos a conocernos a nosotros mismos.

En nuestro viaje a través de los Arcanos del Tarot, usaremos las cartas como soporte de proyecciones. Para esto son ideales, ya que representan simbólicamente aquéllas fuerzas instintivas que operan de forma autónoma en la profundidad de la psique humana y a las que Jung llamó arquetipos. Estos arquetipos funcionan en la psique de la misma "manera que los instintos en el cuerpo. No podemos ver estas fuerzas arquetípicas,  pero las experimentamos en nuestros sueños visiones y pensamientos, en que aparecen como imágenes.

Aunque la forma específica de estas imágenes puede variar de una cultura o persona a otra, su carácter esencial es sin embargo universal. Gentes de todas las edades y culturas han soñado, hecho historias y cantado acerca del arquetipo del Padre, de la Madre, del Héroe, del Amante, del Loco, del Mago, del Diablo, del Salvador y del Sabio. Dado que los Arcanos del Tarot representan a todas estas imágenes arquetípicas, echemos una ojeada rápida a algunos de ellos tal y como aparecen en nuestro mapa. Al hacerlo, podremos empezar a familiarizamos con las cartas y demostrar cuán poderosamente actúan estos símbolos en todos nosotros.

En nuestro mapa, los Arcanos, desde el número uno hasta el veintiuno, están dispuestos en secuencias de tres filas horizontales de siete cartas cada una.

 

  

El Loco, cuyo número es cero, no tiene posición fija. Se pasea por encima mirando hacia abajo a las otras cartas. Dado que no tiene casilla, El Loco es libre de espiar a todos los otros tipos y puede irrumpir inesperadamente en nuestras vidas con el resultado de que, a pesar de toda intención consciente, acabamos actuando como locos.

Este Vagabundo arquetípico, con su fardo y su báculo, es muy visible en nuestra cultura actual. Pero, siendo un producto de nuestra cultura mecanizada, prefiere cabalgar a caminar. Podemos verlo en su versión actual con barba y saco de dormir en los arcenes de las carreteras, sonriendo mientras nos hace un gesto con el pulgar en el sentido de nuestra marcha. Y si este carácter representa un aspecto inconsciente de nosotros mismos, nos sentiremos inclinados a reaccionar emocionalmente hacia él, de una manera u otra. Algunos se sentirán al instante obligados a parar y a dejar subir recordando que ellos en su juventud disfrutaron también de un período de descuidado deambular antes de asentarse y adoptar una forma estable de vida, los que no  hicieron el loco durante su juventud, acogerán al vagabundo ya que representa un aspecto de la vida no experimentado por ellos y hacia el cual se sienten atraídos inconscientemente.

Puede suceder también que otro manifieste una reacción negativa hacia este sujeto y reaccione instantánea y violentamente,. Lo que le gustaría es tomar por la mano a ese «joven loco», cortarle el pelo y darle un buen baño, un afeitado y colocarle en la semana de cuarenta horas, «donde debiera estar». «Tal irresponsabilidad me enferma» murmurará... De hecho su hostilidad hacia este sujeto es tan arrolladora que puede llegar a sentirse mal.

Las reacciones hacia el Loco pueden ser tan diversas y variadas como las personalidades y experiencias de la vida de aquellos que lo enfrenten. Lo cierto es que el contacto con un arquetipo evoca siempre una reacción emotiva de algún tipo. Explorando estas reacciones inconscientes podremos descubrir al arquetipo que nos está manipulado, liberarnos de él y de alguna manera de su coacción. Así, la próxima vez que nos enfrentemos a esta figura arquetípica en la vida exterior, la respuesta no será necesariamente  irracional y automática

Pero todas las figuras del Tarot tienen su propio tipo de energía y, dado que no tienen edad, están todavía activas en nosotros y en nuestra sociedad. A modo de ilustración veamos los siete Arcanos representados en la fila superior de nuestro mapa.

 

EL REINO DE LOS DIOSES

 

 

 

El Mago, el primero de ellos, representa un mago a punto de hacer unos trucos. El los llama trucos y eso es exactamente lo que son. Se está preparando para “engañarnos”.

Nos vemos atraídos hacia este mago exterior de una manera irracional y compulsiva pues dentro de nosotros existe un mago arquetípico, que es incluso más atractivo y convincente que el que tenemos delante, dispuesto a demostrarnos que existe una realidad milagrosa dentro de nosotros mismos en, cuanto nos sintamos realmente dispuestos a dirigir nuestra atención en su dirección.

No es de extrañar, pues, que nuestro intelecto se proteja y ponga freno a la sola idea de magia. Si nuestra mente admitiera este tipo de realidad, correría el riesgo de perder el imperio que su razón ha construido ladrillo a ladrillo durante siglos. Aun así, la coacción del Mago es hoy tan fuerte en nuestra cultura que empiezan a construirse muchos puentes entre su mundo y el nuestro, sobre los que la razón puede caminar con firmeza. Algunos fenómenos parapsicológicos se examinan ahora bajo condiciones científicas controladas. Parece ser que, en nuestro siglo, las palabras magia y realidad vayan a convertirse en una sola. Quizá estudiando al Mago podamos alcanzar una nueva unidad dentro de nosotros mismos.

La segunda carta de la fila es La Papisa, llamada a veces la Suma Sacerdotisa. Simboliza el arquetipo de  la Virgen, familiar tal y como aparece en los mitos y escrituras sagradas de diversas culturas. El arquetipo de la Virgen celebra una humilde receptividad hacia el Espíritu Santo y una dedicación a su encarnación en una nueva realidad como el Hijo Divino o el Salvador. En nuestra cultura, el relato bíblico de la Virgen María, representa este arquetipo. La Papisa es de alguna manera la representación de la Virgen de la Anunciación como se conoce en el arte católico. A menudo aparece sentada y con el Libro de los Profetas abierto delante de ella, igual que en el Tarot.

El arquetipo de la Virgen cautivó a pintores y escultores durante siglos y para cada mujer el hecho del embarazo la erige como la elegida para ser la portadora de un nuevo espíritu. Hoy se ha vuelto activa de otra manera, pues parece ser que es la Virgen la que ha inspirado lo que es más auténticamente femenino y animoso en el movimiento de liberación de la mujer. Las mujeres de hoy, para las cuales ha sonado claramente la nueva anunciación, tienen que sacrificar su seguridad y soportar la soledad y la humillación para traer a la realidad el nuevo espíritu que se agita dentro de

ellas. En este esfuerzo habría que dedicarle una hornacina especial a la Virgen para su veneración, ya que sigue mostrándose como único símbolo de la fuerza pasiva del principio femenino. Aunque dedicada al servicio del espíritu, la Virgen nunca perdió el contacto con su propia feminidad. Parece significativo que María, una de las figuras más poderosas de nuestra tradición judeocristiana, haya permanecido en nuestra cultura como un paradigma de la mujer femenina a ultranza.

Aun siendo adultos, si nuestros padres viven todavía podremos descubrir algunas áreas en las  dos cartas siguientes, La Emperatriz y El Emperador, simbolizan los arquetipos a gran escala del Padre y de la Madre. Poco hace falta decir a propósito del poder de estos dos arquetipos, ya que todos lo hemos experimentado en relación con nuestros padres y madres personales o con otros seres humanos que tuviéramos como tutores. En la niñez, probablemente, vimos a nuestros padres entronizados como la «buena», «nutricia» y «protectora» madre y el «omnisciente», «poderoso» y «valiente» padre. Cuando, como seres humanos que son, fallaron al representar estos papeles de acuerdo con nuestro guión, a menudo sentimos a nuestra madre como la Madrastra mala, o la Bruja Negra, y como el Diablo Rojo, el Cruel Tirano, si se trató del padre. Pasaron muchos años de ridículas proyecciones antes de que pudiéramos ver finalmente a nuestros padres como seres humanos que, como nosotros, poseen el potencial para el bien y para el mal.

Aun siendo adultos, si nuestros padres viven todavía podremos descubrir algunas áreas en las que regresamos a esquemas de costumbres propias de la juventud y nos sentimos «niños» ante su paternidad de diferentes maneras. Cuando esto sucede, podemos sentir que querríamos «romper» con ellos si fuera posible. Pero desde el punto de vista junguiano esta supuesta confrontación con los padres, aunque posible, no es necesariamente el primer paso para aclarar nuestro problema, puesto que aquí son los arquetipos los que están trabajando. Sea cual fuere la personalidad y la acción de nuestros padres (por limitados o inconscientes que sean), tendríamos problemas semejantes con quienquiera que estuviese en su lugar siempre que no hubiéramos llegado a un acuerdo con el arquetipo del Padre o de la Madre que cada uno de nosotros lleva dentro de sí. La suerte es que tanto nosotros como nuestros padres somos marionetas de un drama arquetípico, manejadas desde atrás por figuras gigantescas; desde más allá de nuestra consciencia.

El arcano número cinco es El Papa. En el dogma de la Iglesia el Papa es el representante de Dios en la tierra y, como tal, es infalible. Él representa una figura arquetípica de la autoridad, cuyo poder sobrepasa el del padre y el del Emperador. En términos junguianos, representa la figura del Hombre Sabio. Obviamente, proyectar esa infalibilidad y sabiduría sobrehumana en un ser humano (incluso el mismo papa) resulta discutible.

El arquetipo del Viejo Sabio que en la Biblia fue representado por los Profetas hebreos y los Santos cristianos, es algo muy vivo hoy. Aparece a menudo en nuestra sociedad como un gurú con turbante o como un anciano vagabundo con barba, vestido con túnica blanca y sandalias. A veces se ha sometido a alguna disciplina espiritual, sea oriental u occidental, Si topamos con una presencia de este tipo y nos sentimos inclinados a adularle con devoción o bien le damos la espalda con rechazo instantáneo, podemos estar seguros de que el arquetipo está actuando. Pero si llegamos a conocerle en tanto que ser humano, puede ayudamos a constatar que la iluminación es" después de todo, una cuestión personal más que institucional.

Como el mismo Tarot es a la vez sabio y viejo, nos ha pintado el arquetipo del Viejo Sabio de dos maneras. El Papa de la carta número cinco nos lo muestra según su aspecto más institucionalizado. El Ermitaño de la carta número nueve nos lo enseña como un fraile mendicante. Conocer estos arquetipos nos ayudará a determinar hasta qué punto las cualidades que simbolizan están encarnadas en nosotros o en las personas que nos rodean.

La carta que sigue al Papa se llama El Enamorado. Aquí hallamos a un joven de pie entre dos mujeres; cada una de ellas parece reclamar su atención, si no toda su alma. Seguramente, el eterno triángulo es una situación arquetípica viva en nuestra experiencia personal. La intriga descrita en El Enamorado no requiere mayor desarrollo aquí, ya que refleja la base del noventa por ciento aproximado de la literatura y de los dramas del mundo actual

En el cielo, sobre y tras El Enamorado, encontramos un dios con arco y flecha que está a punto de producir una herida mortal que puede resolver el conflicto del joven. Se trata del pequeño dios Eros, quien es, por supuesto, una figura arquetípica, así como también lo es el joven. Personifica un ego lleno de juventud. El ego se define técnicamente como el centro de la conciencia. Es aquel que habla en nosotros y piensa de sí mismo como «yo». En El Enamorado, este joven ego que se había liberado de alguna manera de la influencia coactiva de los arquetipos paternos, es capaz ahora de mantenerse en pie por sí mismo. Pero todavía no es dueño de sí mismo, pues, está atrapado entre dos mujeres. Es incapaz de moverse. La acción principal de esta escena ocurre en el reino del inconsciente de los arquetipos ocultos a su conciencia actual.

Quizá la flecha envenenada del cielo encenderá el fuego que le ponga en marcha. Si es así, tendremos que observar atentamente lo que sucede a continuación puesto que, de aquí en adelante en nuestra serie del Tarot, este joven ego será el protagonista del drama del Tarot. En este sentido, a menudo nos referiremos a él como al héroe, puesto que lo que seguiremos es su viaje a través del camino de la autorrealización.

En la séptima carta, llamada El Carro, el héroe ha encontrado un vehículo que le conducirá en su viaje y que lo maneja un joven rey. Siempre que aparece un joven rey en escena, tanto en sueños como en mitos, simboliza generalmente que un nuevo principio de conducta emerge. En la cuarta carta, El Emperador aparece como la imagen de la autoridad. Es una persona mayor, sentada, dibujada en tamaño grande de modo que ocupa la totalidad de la carta. En El Carro, el nuevo gobernante está en movimiento y dibujado a escala humana, lo que significa que está actuando y que es más accesible que un emperador. Más importante que esto, es que no está solo. Se le ve actuando como parte de una totalidad con la que el héroe empieza a conectar.

El rey dibujado en esta carta es tan joven e inexperto como el mismo héroe. Si nuestro protagonista ha coronado su ego y lo ha puesto al mando de su destino, lo que queda del viaje no va a ser fácil.

Con El Carro llegamos a la última carta de la fila superior de nuestro mapa. A esta fila la llamaremos “el Reino de los Dioses”, pues se representan muchos de los personajes más importantes entronizados en la constelación celeste de los arquetipos. Ahora, el carro del héroe le conducirá a la fila inferior, a la que llamaremos “el Reino de la Realidad Terrestre y de la Consciencia del Ego”, puesto que aquí el joven empieza a buscar su fortuna y a establecer su identidad en el mundo exterior. Liberándose cada vez más de los lazos que le ataban a la «familia» arquetípica dibujada en la fila superior, intenta hallar su vocación, establecer su propia familia y asumir su lugar en el orden social.

Habiendo estudiado «los dioses» de la fila superior, recorreremos de una manera más rápida las cartas de las siguientes filas para obtener una visión amplia de cómo se desarrolla el argumento.

 

EL REINO DE LA REALIDAD TERRESTRE Y DE LA CONSCIENCIA DEL EGO

 

 

  

 

La primera carta de la segunda fila es La Justicia.( Waite cambia el orden vendría entonces la fuerza) Aquí el héroe debe evaluar los problemas morales por sí mismo. Necesitará la ayuda de ésta para medir y sopesar los asuntos difíciles. Después viene El Ermitaño, que lleva una linterna. Si el héroe o protagonista no encuentra la luz que necesita en una religión establecida, este fraile puede ayudarle a encontrar una luz más individual.

La carta que sigue al Ermitaño es La Rueda de la Fortuna, que simboliza una fuerza inexorable en la vida que parece actuar fuera de nuestro control pero a la que todos debemos enfrentamos. La carta siguiente, La Fuerza o La Fortaleza,(el lugar de la justicia ) nos muestra una dama domando a un león. Ella ayudará al héroe a domar su naturaleza animal. Quizá la primera confrontación no tenga un éxito completo, puesto que en la siguiente carta, llamada El Colgado, vemos al joven colgado boca abajo atado de un pie. Al parecer no está lesionado, pero está, al menos por ahora, completamente desvalido. En la siguiente carta se enfrentará con La Muerte, una figura arquetípica ante cuya guadaña todos nos encontramos desarmados. En la última de las figuras de esta segunda fila, La Templanza, aparece una figura que ayuda. Es un ángel que vierte un líquido de una vasija a otra. En este punto las energías y esperanzas del protagonista empiezan a fluir de nuevo en otra dirección. Hasta aquí ha estado comprometido en liberarse de las coacciones de los arquetipos que le afectaban personalmente en el mundo de los seres vivos y de los acontecimientos, y en establecer un nivel para su ego en el mundo exterior. Ahora está preparado para dirigir sus energías de una manera más consciente hacia el mundo interior. Así como hasta entonces buscó el desarrollo del ego, su atención va a orientarse ahora hacia un centro psíquico más amplio, al que Jung llamó sí-mismo (self)

Si definimos el ego como el centro de la consciencia, entonces podemos definir al sí-mismo como el centro que abarca la totalidad de la psique incluyendo ambos, consciente e inconsciente. Este centro trasciende el débil Yo concienciado por el ego. No es que el ego del héroe deje de existir, simplemente ya no lo va a experimentar como la fuerza central que motiva sus acto. De ahora en adelante, su ego personal va a dedicarse a un plano que está más allá de él mismo. Se dará cuenta de "que su ego no es más que un pequeño planeta que gira alrededor de un sol central gigantesco, el sí-mismo.

Durante todo el recorrido el héroe había tenido pequeñas visiones de este estado interior, pero mientras le acompañamos en su desventura por el recorrido de los arquetipos de esta fila inferior, veremos cómo se amplía su concienciamiento y aumenta su iluminación. Por esta razón llamamos a la fila inferior del mapa” El Reino de la Iluminación Celestial y de la Autorrealización”.

 

 EL REINO DE LA ILUMINACIÓN CELESTIAL Y DE LA AUTORREALIZACIÓN

 

 

 

 

La primera carta de esta fila es El Diablo. Representa a Satán, esa infame estrella caída. Cada vez que este sujeto aparece en nuestro jardín, trae consigo un rayo de luz, como veremos al estudiarlo después. La secuencia de las cuatro cartas que siguen es La Torre de la Destrucción, La Estrella, La Luna y El Sol. Representan diversos estadios de iluminación en orden ascendente. A éstas les sigue El Juicio. Aquí un ángel con una trompeta irrumpe en la conciencia del héroe con un glorioso rayo de luz para despertar al muerto durmiente. En la tierra, debajo, un joven se levanta, del sepulcro mientras dos figuras a su lado están en actitud de oración y de admiración ante este milagroso renacimiento.

Con la carta final del Tarot, El Mundo, el sí-mismo, ahora totalmente realizado, se encarna como un grácil danzarín. Aquí, todas las fuerzas contradictorias con las que hasta ahora ha tenido que enfrentarse el héroe aparecen juntas en un mundo. En esta última figura del Tarot, el sentido y el sinsentido, la ciencia y la magia, el padre y la madre, la carne y el espíritu, todos están juntos en una armoniosa danza de puro ser. En las cuatro esquinas de esta carta, cuatro figuras simbólicas parecen testimoniar este último milagro.

Hemos completado esta primera visión de los veintidós Arcanos como aparecen desplegados en nuestro mapa. Mientras seguimos la suerte del héroe a través de estas cartas, observaremos la interconexión en el eje horizontal, cómo cada experiencia que encontramos a lo largo del camino evoca la que le sigue. Cuando lleguemos a estudiar las cartas de la fila inferior estableceremos conexiones en sentido vertical, entre estos arcanos y los que tienen inmediatamente encima en el mapa.

Tal como hemos ordenado las cartas en nuestro mapa, pueden verse, no sólo como tres filas horizontales de siete cartas cada una de ellas, sino como siete filas verticales de tres cartas cada una. Como descubriremos, las cartas también tienen una conexión significativa en el sentido vertical. 

 

        

 

 

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publicado por csilviav a las 13:34 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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